lunes

Super Randonnée Camino del Cid

620KMS. 10200M+
21 Y 22 DE MAYO DE 2016
¿Y ahora qué?
Es una pregunta que ha solido venirme los últimos años después ciertos viajes que han supuesto un hito importante: La doble transpirenaica, viajes como el de Suiza, marchas como el Tour du Mont Blanc... Siempre volvía a casa con la pregunta por lo que vendría después. Los que me conocen saben que voy probando cosas nuevas, y que no me gusta repetir eventos muchas veces, cambiando de aires cuando sacio la curiosidad que me hace probar algo. Y la respuesta a esa pregunta siempre surgía por casualidad, por algún flechazo, o por una bombilla que se enciende una mala tarde.
Así fue el caso también para este concepto de Super Randonnée, un concepto de ruta homologable de un mínimo de 600kms y 10000m de desnivel que ha de ser completado en un máximo de 50h, en la fecha que uno elija, y de forma autónoma.
Después de terminar un par de veces el Tour du Mont Blanc, tenía curiosidad por darle una vuelta más de rosca, pero no terminaba de encontrar el concepto, ya que por un lado, me encanta la combinación “larga distancia + gran desnivel”, y por otro lado no me termina de motivar la idea de pedalear de noche, pienso que ya estamos expuestos a suficientes riesgos durante el día, no hay necesidad de incluir más.
Por todo ello, la idea de juntar un par de días seguidos de lo que ya venía haciendo hasta ahora fue un flechazo a primera vista. Y también lo fue para Oscar, que desde el primer instante, me dio un “sí quiero” al proyecto, aunque no se terminara de creer mucho que fuéramos en serio con semejante barbarie.
Han sido meses de ilusión por los preparativos y de un miedo a no ser capaz que hacía años que no sentía, una mezcla de sensaciones completamente motivadora. Mi zona de confort estaba saltando por los aires una vez más.
Existen varias SR (Super Randonnée) tanto dentro como fuera de España, pero se daba la casualidad de que una de ellas pasaba por Teruel, la del Camino del Cid, partiendo desde Massamagrell, en Valencia. Este hecho hacía que la logística fuera más fácil ya que podíamos hacer noche en casa, y continuar la mañana siguiente, ya que Teruel se encontraba en el kilómetro 335, tras unos 7000m de desnivel.
Perfil de la ruta, más detalles, aquí.
Otro de los puntos que me motivaba era dar un pasito más en mi filosofía de utilizar cada vez más alimentos naturales, y dar un poco más de luz a la idea de que con comida normal, tirando lo menos posible de alimentos excesivamente procesados y cargados de compuestos químicos, también se puede llegar a hacer este tipo de pruebas. En mi opinión existe una gran sobrevaloración y abuso de alimentos específicos para deportistas.
Descartaríamos las barritas energéticas lo más posible, tiraríamos de bocadillitos de pavo con queso. Geles, sólo en caso de emergencia, en su lugar, de vez en cuando en momentos bajos, un pequeño sobrecito de miel. Haríamos una pausa en el km 100 de cada día para almorzar, bocadillo de tortilla con jamón o de patata. Y una parada el sábado a la hora de comer con pasta “en bianco” y una tortilla francesa, si encontrábamos dónde nos lo hicieran. En cuanto a la bebida, nada de bebidas con gas o cafeína, sólo agua, mucha, y bebidas isotónicas normales.
En cuanto al recorrido en sí, cuenta con 14 puntos de control en los que anotar en una tarjeta de ruta las horas de paso por cada uno de estos controles, así como realizar una foto con la bici y la placa de cuadro.


Tarjeta de ruta con las horas de paso por los controles

Después de hacer noche en una pensión en El Puig, nos ponemos en marcha a las 06:10, y tras unos minutos, pasamos por el control inicial en Massamagrell. 06:24, comienza la aventura.
Primeros kilómetros con temperatura muy suave y bastante claridad ya, entre rotondas, carriles bici, y atravesando diferentes pueblos, urbanizaciones, y polígonos industriales, no es la parte más ilusionante del camino, precisamente.
Pronto llegamos al esperado control de Serra, donde ya empiezan las carreteras más a nuestro gusto, dejando el ambiente más “urbano” poco a poco. Empieza Oronet. Es terreno bien conocido en los inviernos desde que vivo en Teruel. Ponemos rumbo a Eslida, donde está el tercer control. Después Aín, La Nevera, y un control más en Matet. Ya empezamos a salivar con el almuerzo en Villamalur, aproximadamente en el km 100, después de sus buenas rampas.
Hay que cargar energía, llega el tramo del recorrido al que posiblemente más temía: Desde Onda hasta la cima de Nogueruelas, ya en Teruel, con unos 80kms casi sin dejar de subir, para pasar de los 200m de altitud a los más de 1500m. Temíamos que el calor sofocante nos vaciara por completo o que el viento en contra hiciera ese tramo interminable. Tuvimos suerte y no se dio ninguna de las dos circunstancias. Aun así, fue uno de los tramos más exigentes del recorrido. En Rubielos de Mora, plato de macarrones “en bianco”, tortilla francesa, y manzana asada. En el restaurante se quedaron algo sorprendidos al oírnos pedir y saber lo que estábamos haciendo.
Y no me atrevo a asegurar del todo que ese tramo fuera el más duro del recorrido ya que el que venía justo después le disputaba el puesto de honor en dureza: La sucesión de puertos hasta llegar a Teruel iba a hacerse interminable también: El puerto de Nogueruelas, Linares, la llegada a Cantavieja, Cuarto Pelao, Villarroya, Sollavientos, la subida a Cedrillas, y Cabigordo, todo seguido, sin descanso, y en las horas centrales del día, terminaron de vaciarnos por completo. Más aun cuando al girar en Cantavieja nos comenzó a entrar viento en contra durante los más de 90kms que nos faltaban para terminar el día. El cuerpo nos pedía atardecer y frescor. Fue un alivio tener que abrigarse a medida que nos acercábamos a casa…
Mucho trabajo psicológico en esos últimos kms, envuelto por las sensaciones transmitidas por la paleta de colores a medida que entraba el atardecer, el ascenso de una inmensa luna llena, y la curiosidad por pedalear de noche. Fue un momento duro e intenso, pero cargado de emoción. De esos que dentro de un tiempo hace que vuelvas a plantearte repetir estas cosas.
22:40. Llegamos a Teruel. Pasta integral, tortilla de verduras, fruta, queso fresco, yogures, y a dormir. Mañana queda mucha tela que cortar.
Ocho horas después, a las 06:40, nos ponemos a dar pedales de nuevo.
Alvar se nos une hoy al recorrido, después de que el sábado participara en la cicloturista de Cella. Empezamos cargados de ilusión, sabemos que este segundo día es más asequible que el pasado, con unos 280 kms y unos 3500 de desnivel, más aun cuando prácticamente un tercio de ese desnivel se acumula en los primeros 50kms del día.
Una vez pasados esos kilómetros iniciales más pesados, avanzamos a mejor ritmo hasta el almuerzo en Ademuz, km 100 del día aproximadamente. Un buen pincho de tortilla de patata, y en ruta.
Buen sabor de boca nos dejó toda la zona de Más del Olmo, Puebla de San Miguel, Losilla, etc. Es lo desconocido dentro de lo desconocido. Qué parajes tenemos cerca de casa!!!
Cada vez los descensos son más largos, y con mayor cambio de paisaje… ya hay algo en el ambiente que indica que nos vamos acercando al mar, a pesar de que veamos que los altímetros aun marcan cifras por encima de los 700m en muchos momentos. También las temperaturas van suavizando, dejando atrás las provincias de Teruel y Cuenca.
Comenzar a subir hacia Montemayor nos da alas, ahora ya sí que nos vemos en el final de este impresionante viaje. Son en torno a las 15:00 y nos quedan los últimos 100, más o menos. La alegría se nota en las piernas y sobre todo en la velocidad, que hace que vayamos completamente encendidos en estos últimos kilómetros, especialmente en Chirivilla, último puerto importante del fin de semana, que subimos como si lleváramos un par de horas encima de la bici (es una forma de hablar).
Ya estamos! Penúltimo control en Gátova, último llenado de agua fresca, y a comerse el último tramo a toda velocidad. Olocau, Marines, Bétera, Náquera, y por fin, Massamagrell, a las 18:10, casi 36 horas después.
Y encima con sorpresa, María y su padre han venido a darnos la bienvenida, ¡qué emoción! La pobre ha estado siguiendo los últimos kilómetros a través de una aplicación de móvil que le decía por dónde íbamos (Alpify, uno de los mejores inventos para los que solemos entrenar sólos), y por el ritmo final casi no llega a tiempo para recibirnos.

Contentísimo con la experiencia, con el formato, con la filosofía, y por supuesto, con los valores que fomenta.

Podría decir que lo he considerado un viaje hacia algo grande para ser más consciente de lo pequeño, de los detalles, del día a día.
Y por otro lado, este tipo de “macarradas”, como las llamo yo, hacen que aprendas a relativizar mucho más cualquier dificultad que aparezca en tu vida. Desde que he vuelto, ya han sido varias las veces que ante un problema, me he dicho a mí mismo: “no te preocupes, eso no es nada comparado con volver de Cantavieja a Teruel con viento en contra y con más de 200kms en las piernas”.
Ahora, a descansar, a escuchar al cuerpo, y en breve volverá a mi cabeza el tan familiar: ¿y ahora qué? 

Muchísimas gracias al pedazo de compañero que me he buscado para esta aventura, Oscar, que desde el primer día, con tuda su inconsciencia estuvo ahí diciendo "sí" a todo.
A Alvar, por el esfuerzo que ha supuesto unirse a nosotros el segundo día, y por que no nos dejó relajarnos en un sólo repecho. Enhorabuena por ser ya un 2.0!!
A Domingo, alma de esta SR, por su cariño, por su atención, y por todos sus buenos consejos. Estoy seguro de que compartiremos buenos momentos con él en el futuro.
Y como no, a María por subrayar una y otra vez mi inconsciencia y seguir empujándome a hacer este tipo de cosas. Aquí fotos de los 14 controles:





















2 comentarios:

  1. Bravisimo, dais envidia sana!! No tenéis límite, algún día lo encontraréis? Yo lo dudo mucho...

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